lunes, 8 de abril de 2013

LA PARTICIPACIÓN JUVENIL EN EL AJUSCO MEDIO: SUS CAMBIOS Y TRANSFORMACIONES*

…me parece que la estructura patriarcal vertical esta siendo sucedida por una estructura horizontal, fraternal.

Michel Maffesoli

A lo largo de la historia de las colonias del Ajusco Medio, la participación juvenil ha sufrido diferentes cambios y transformaciones debido al conjunto de relaciones sociales internas y externas que la determinan, es decir a las “culturas parentales” como las denomina el doctor en Antropología Social por la Universidad de Barcelona, Feixa[1] al referirse a la articulación social de las culturas juveniles. Al mismo, tiempo los jóvenes han mostrado una actitud ante estos cambios y en muchas ocasiones han orientado el rumbo llevando la organización y la participación por diferentes caminos dentro de su comunidad. La presente ponencia se realizó en un marco de investigación de la participación juvenil en la historia de las colonias del Ajusco Medio, por ello intentamos resumir aspectos relevantes en el trabajo aquí presentado.
La participación de los jóvenes a su llegada al Ajusco Medio, se dio en un contexto social de lucha por los espacios para la vivienda. La gran masa de habitantes en búsqueda de un espacio para vivir estaba, a finales de los 70s, formada básicamente por personas adultas padres y madres de familia de un perfil socio-económico bajo, quienes organizaban sus tiempos en función de cumplir con un propósito único: obtener un “pedazo de tierra”.
Podemos afirmar que en los jóvenes de aquella época (Finales de los 70 y comienzos de los 80) se daba una fusión entre una situación social externa y una interna, la lucha en contra de la autoridad que por naturaleza tiene el joven por autoafirmarse como una persona autónoma e independiente, se exteriorizó de la familia hasta adquirir una magnitud social, enfocando  nuevas imágenes de autoridad, como fueron el gobierno y sus aparatos de cohesión y represión. Los jóvenes ya no solo buscaban su independencia ante la familia, estaban buscando una independencia y autonomía frente al Estado quien, por principio, se oponía rotundamente a la invasión de una zona de reserva ecológica sin uso del suelo habitacional.
La estructura de la organización social predominante en la zona se sostenía básicamente por comisiones elegidas en asamblea, existían por ejemplo las siguientes comisiones: la comisión responsable de las pintas, la de la comida, la de vigilancia, la de asuntos políticos, la de boteo, etc.
En el momento en que la asamblea conformaba dichas comisiones, los jóvenes participaban en muchas de ellas, y generalmente ocupaban la comisión de pintas. Este hecho, fortaleció su identidad debido a que pintaban en una barda o manta el nombre de la organización a la cual pertenecían. Esta acción fue una constante durante las 4 décadas siguientes, ya que en los años posteriores pintarían los nombres de los grupos, colectivos, o bandas a los que pertenecerían más tarde. También ocupaban lugares en la comisión de comida, lo que le daba un grado de responsabilidad ante su comunidad, y desde luego, les daba cierta sensación de autonomía e independencia al ser los responsables de buscar el alimento para el resto de la comunidad[2].
Los jóvenes de esa época crecieron en el ámbito de la consigna de la lucha popular, rápidamente se identificaron con los grupos urbanos que abanderaban la lucha social en ese momento, como eran el Movimiento Popular Independiente y el Frente Popular Francisco Villa, entre otros. Asistían a las marchas acompañando a sus padres, cantaban canciones de protesta, asistían a las reuniones políticas de alianza con otras organizaciones y protestaban fuertemente contra el gobierno, que en ese entonces encabezaban los priistas de corte tecnocrático; en otras palabras, se asumían como los hijos de la crisis que padecían los sectores populares y periféricos de la ciudad.
Los jóvenes comenzaron a crear grupos juveniles, grupos que se convertirían en los antecedentes de las bandas, las cuales ocuparían toda la escena juvenil en la zona durante los años 80. Desde ese momento se desarrollaría en ellos una fuerte conciencia social, que los hizo reconocerse como sujetos en lucha continua determinados por condiciones precarias y de alta marginalidad. Su participación se dio en las siguientes dos vertientes: por un lado, reconociéndose campo parte de una gran familia (su comunidad), dentro de la cual contaban con obligaciones y tareas; y por otro lado, participando políticamente en el ámbito de la protesta y la oposición contra las posturas gubernamentales, bajo la consigna popular.
Para los primeros años de los 80, las formas de participación y organización en los jóvenes cambiaron de una manera significativa, éstas, al igual que a su llegada, fueron determinadas por el contexto social; la obtención de un amparo en el año de 1981 por parte de la organización “Casa del Pueblo”, en el que se amparaba a los futuros propietarios contra posibles desalojos, metió en una especie de relajamiento a la acción política, y la organización comenzó a establecer acuerdos con las instituciones de gobierno. Sin embargo, y a pesar de ello, este seguiría ejerciendo represión por otros mecanismos, por ejemplo, dentro de las manifestaciones y marchas fuera de las colonias, o a través de grupos de corte priista, quienes enfrentaban a los colonos, provocando fuertes conflictos internos, varios de los cuales terminaron en asesinatos dentro de la colonia, como fue el caso de Jerónimo Martínez Díaz (1992), Eloy Aviles (1986) y Candelario Arias Salazar (1985.
Los jóvenes sin dejar de participar en la estructura de la organización, comenzaron a situarse más en un círculo propio. Como ya existía una división de los predios, y había quienes ya comenzaban a construir de manera precaria su casa, se genero una mayor apropiación del espacio, que aunque todavía no era de manera legal, ya despertaba cierto sentimiento de propiedad y seguridad por parte de las familias. Este nuevo proceso fortaleció los lazos afectivos entre los jóvenes. Los que antes eran encuentros esporádicos por pequeños lapsos, se convertían poco a poco en reuniones prolongadas de tipo identitario, desde las cuales se desatarían dos procesos: la apropiación juvenil de los espacios, y la construcción de una identidad propia. 
Desde esos nuevos puntos de reunión juvenil –la calle, los voladeros, los espacios abiertos y las esquinas- se dio una fuerte crítica hacia las asociaciones de colonos. Los jóvenes desarrollaron un fuerte sentimiento de solidaridad, percibían los desalojos como una acción injusta por parte de las autoridades, y más aun, cuando presenciaban un desalojo por parte de los mismos integrantes de la organización, se indignaban de la misma manera.
De este hecho derivan enfrentamientos internos entre jóvenes, -cuyos padres, familiares o amigos estaban siendo desalojados,- y miembros adultos de la organización. Este fenómeno de crítica y cuestionamiento a las formas de control de la organización,  encaminó a lo jóvenes a repensar la formación de grupos propios. Con ello comenzaban a posicionarse, y a jugar un papel protagónico dentro de su comunidad, estando fuera del alcance de cualquier estructura organizativa que no fuera la suya. Este fenómeno fue muy interesante, debido a que aquí comienza la formación de los “Chavos Banda”, en esta zona.
Los jóvenes se vieron dentro de un proceso de creación de una identidad propia que asumía un lenguaje, una forma de vestir, e incluso un territorio propio. El chavo banda del Ajusco en los 80 al igual que los chavos banda del resto de la ciudad, buscó su posicionamiento en los espacios públicos. Situación que a diferencia del joven de los 70, le daba un mayor grado de independencia ante la comunidad adulta, es decir, ante padres, autoridades y organizaciones sociales.
Los chavos banda a diferencia de otro tipo de identidades juveniles, tenían su conformación dentro de la base popular y marginal, lo que les daba una estructura de resistencia de carácter permanente ante las injusticias sociales provocadas por el “agandalle” del mundo de los privilegiados (ricos, políticos, empresarios, artistas, etc.). Eran grupos de entre 5 y 50 jóvenes aproximadamente, quienes se reunían en las calles o en espacios públicos, estableciendo una fuerte solidaridad ante los embates de una realidad social marcada por la marginalidad y la miseria.
La mayoría de la veces el jefe de la banda era del sexo masculino y mantenía control sobre jóvenes de su mismo género o del sexo opuesto, muy pocas ocasiones se formaron bandas de mujeres con una líder, casi siempre estaban integradas a una estructura preponderantemente masculina. Las bandas se componían de un número diferente de integrantes, las más pequeñas eran de 20 integrantes, pero existían bandas de un numero mayor, incluso hasta aglutinar a mas de 100 jóvenes en un solo sitio como es el caso de los “Flexis” o los “Vagos”.[3]
Estos jóvenes no habían abandonado del todo la lucha popular, de hecho en muchas ocasiones apoyaban a las organizaciones cuando existían conflictos con otros grupos. Algunas bandas cobraron una fuerza sorprendente, de tal magnitud que comenzaban a contrapuntearse con las organizaciones existentes[4].
La falta de oportunidades, de empleo y capacitación abrió un camino hacia la delincuencia y muchas de estas bandas se organizaron de tal manera que comenzaron a delinquir. Los jóvenes más interesados en elevar su condición de vida, comenzaron su lenta separación de aquellos que estaban dedicados a las actividades delictivas. Sin embargo, esta separación no era total, en casos de conflictos casi siempre se ayudaban, lo que demostraba su fuerte solidaridad “Barrial”.[5]
Los chavos del Ajusco Medio han encontrado un elemento importante para su identidad (un “nosotros”) en la realización y el disfrute de cierto tipo de eventos; las tocas han dotado de un sentido al quehacer juvenil de la zona, y frecuentemente se reúnen para programarlas, se designan tareas, se establecen contactos y se busca invitar al mayor numero posible de jóvenes. Ejemplo de ello es la “tocada de la López”, la cual (como dice Maritza Urteaga), es uno de los rituales más importantes como lugar de construcción identitaria.[6]
Después de esta decada, se pasó a una nueva etapa de cambios en las formas de participación. En el panorama general de la zona, el fenómeno de los “Chavos Banda” con todas las implicaciones identitarias y de estilos propios, se fue diluyendo hasta encontrarse solo en algunas colonias de la zona. El tan famoso denominado “Chavo Banda” encontró su refugio de sobrevivencia en las colonias de más alta marginalidad, en donde adoptó a los nuevos jóvenes marginales incorporándolos a su estilo de vida.
En los 90, la identidad del “chavo banda” fue solo una alternativa más ante el mosaico multiidentitario, El panorama se abría paulatinamente al joven que accedía a un nuevo escenario social en la Ciudad de México: ofreciendo a los jóvenes una diversidad cultural y multifacética que generaba nuevos grupos o tribus juveniles. El joven de los 90 comienza su recorrido por la diversidad identitaria, que se le presenta en la escuela, en los lugares de diversión y en la misma vida cotidiana, comienza una búsqueda de su personalidad en la bastedad de estilos que adquiere el joven citadino, y se organiza en colectivos o grupos constituidos con un fin en particular. Las filosofías de cada movimiento despiertan el interés del joven; saber de dónde proviene la propuesta graffitera, saber qué significa el performans dark, hurgar sobre el sentido de la filosofía punk, conocer el origen de la música ska, entre otras inquietudes, fueron los caminos a seguir de esta generación que muchos académicos clasifican como la generación de la decadencia, o la generación X.
La mejora en las condiciones de vida de los padres al final de la década pasada, permitió el mayor acceso a los centros de estudio por parte de los jóvenes, aunque la zona continuaba siendo clasificada como de alta marginalidad, los niveles de ingresos habían mejorado un poco, permitiendo una mejor solvencia económica al interior de las familias, y por ende una oportunidad se habría a la comunidad joven de acceder al nivel medio superior y superior.
La consolidación de la regularización de la tierra a finales de la década anterior, había garantizado cierta estabilidad a las familias de la zona, además algunos servicios como la pavimentación de calles, el alumbrado publico, el drenaje, y la llegada de espacios educativos como la preparatoria Tlalpan Nº 1, se habían logrado. Muchos de los jóvenes del Ajusco Medio, encontraron en sus familias un mayor apoyo para continuar sus estudios, el número de estudiantes de secundaria y nivel medio superior se incrementó significativamente, accediendo a un estilo de vida distinto al que habían pertenecido los jóvenes de los 80.
El contacto con la escuela y con jóvenes de otras partes de la ciudad de diferentes niveles sociales, le abrieron el panorama al joven del Ajusco Medio, quien buscó en sus nuevas relaciones acceder a una mejor calidad de vida. El joven llega a empleos y  puestos administrativos en la Iniciativa privada, comienza a tener puestos medios en las empresas y en tiendas comerciales, incluso dentro de instituciones de gobierno. Una cantidad menor hace su arribo a estudios profesionales estudiando en instituciones como la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y la Universidad Autónoma de México (UAM). “La escuela fue sobre todo un ámbito de creación juvenil en términos de construcción y expresión de prácticas recreativas que fueron generando una sociabilidad diferente de la que vivían con los adultos en otros ámbitos”.[7]
Ya no era propiamente la “Banda” el espacio en donde el joven socializaba con sus iguales, la diversidad identitaria le dio un giro a las formas de sociabilización del joven en el Ajusco Medio. No era la cultura juvenil, sino las culturas juveniles, las que predominaban en esos años. Con el repliegue del fenómeno de las bandas a las colonias de más alta marginalidad, comienza el surgimiento de nuevos grupos con características e identidades propias y distintas a las que tenia el chavo banda: Los chavos graffiteros, los Darks, los “skins”, los “cholos”, los sonideros, los “emos”, etc. Aparecen en estos años.
Este fenómeno en el que proliferan las identidades, provocó una diversificación de la participación, algunos comenzaron el acercamiento a las instituciones gubernamentales y no gubernamentales, para realizar la gestión a través de reuniones de lo que ellos considerarían nuevas necesidades. El estilo añejo de las organizaciones vecinales para la gestión, si bien persistía en los adultos, era criticado por los jóvenes, quienes buscaban una estructura más horizontal en la toma de decisiones.
Por otra parte, había jóvenes que no estaban interesados en tratar con los órganos de gobierno, y se integraban a colectivos o grupos de mayor tamaño con presencia en su comunidad y en el resto de la ciudad, participando en concursos de Graffiti, concursos de baile, y otros eventos organizados en espacios públicos. El joven de esta zona analiza de manera crítica las diversas formas de participar de las organizaciones prevalecientes, las cuestiona, las critica, se burla de ellas, se da cuenta de sus errores, pero valora su fortaleza histórica;  no cuenta con una organización, y ve la necesidad de agruparse con otros jóvenes con quienes comparte su forma de ver el mundo; sabe que pertenece a algo, a algún movimiento, a alguna filosofía, sabe que tiene un sentido y que también busca objetivos: para ello comienza a agruparse.
La llegada del nuevo siglo trajo consigo una nueva preocupación para las organizaciones de la zona, el estado semi- reposado en el que los habitantes de la zona habían entrado desde finales de los noventa, obligó a fijar la mirada hacia la cultura y el esparcimiento, un nueva necesidad se vislumbraba en el horizonte y daba razón a la férrea lucha social del Ajusco. Los espacios públicos fueron el nuevo blanco, en ellos se detonarían propuestas de participación comunitaria, como las asambleas vecinales, la educación, el deporte, el arte y la cultura.
A pesar de este nuevo interés, no se ha logrado una vinculación directa en la que las organizaciones y los comités integren a los chavos a la toma de decisiones. Los jóvenes son escuchados, participan en las reuniones, pero no existe una forma de participación plena, autónoma, independiente y horizontal a través de estas estructuras, por lo que los jóvenes han optado por generar sus propias formas de participación frente a estos grupos y frente gobierno.
Por otra parte, la adhesión a los partidos por parte de la ciudadanía es un fenómeno real en esta zona, por lo que los jóvenes son vistos utilitariamente por aquellos que buscan constantemente los puestos y cargos de representación. Son llamados y buscados cada que se aproximan los tiempos de elecciones, el joven es utilizado para pegar propaganda y pintar bardas haciéndolos sentir protagonistas de estos procesos, sin embargo, el verdadero sentido detrás de estas actividades es una búsqueda de poder entre aquellos adultos interesados en ocupar puestos de representación gubernamental.
El joven del nuevo siglo, no está adherido a las formas de organización existentes y herederas de la lucha por la vivienda, vive de manera autónoma, no busca la trasgresión por si misma, aunque existen casos en los que así se manifiesta. El joven del nuevo siglo conoce sus objetivos, de ahí que las estructuras existentes comiencen a replantearse las formas de participación para la integración de los jóvenes a sus organizaciones o instituciones de gobierno. Algunas organizaciones han comenzado una apertura mínima para aceptar la participación juvenil, sin embargo, muchos jóvenes optan por la formación de colectivos, redes y asociaciones independientes encaminadas a la construcción de lo cultural. Con ello supera el determinismo social que les impone la marginalidad, y se agregan para “hacer algo”: un “hacer algo” que reproduce formas y expresiones culturales en su entorno, teniendo con ello un importante impacto cultural en la zona.
El nuevo siglo trae consigo el sello característico de la organización horizontal y la caída de las represiones y ordenanzas paternalistas en todos los ámbitos, familia, escuela, sociedad, gobierno. Los jóvenes siguen sus sueños, abren espacios, forman grupos, se conectan unos con otro a través de códigos similares, con el mensaje universal de que el mundo no esta bien y algo tiene que cambiar, esa fuerza interna los comunica, los enlaza, los encamina a la utopía mediante un esfuerzo en el que muchos no desistirán hasta ver realizados sus sueño, sus proyectos y sus planes de vida. Las nuevas agrupaciones del Ajusco Medio se vuelven multiculturales y enfocan sus energías en la realización de actividades en los espacios públicos: talleres, eventos musicales, cine, teatro, radio y capacitación son algunas de las actividades que realizan, dentro de su zona.
Los jóvenes del Ajusco crean formas de participación y organización en espacios informales, han desconfiado de las instituciones de gobierno, y de sus formas de promover la participación juvenil para llevar a cabo sus proyectos. Esto se ha vuelto un obstáculo para que las instituciones vean cumplidos sus objetivos, lo que las hace repensar sus programas y lineamientos, no teniendo, en la mayoría de los casos, buenos resultados. La desconfianza institucional, no es un fenómeno nuevo en este análisis de la participación juvenil, las razones han sido diversas a lo largo de la historia de nuestro país, represión del Estado, enriquecimiento de gobernantes, venta del patrimonio nacional, corrupción dentro de la burocracia, falta de sensibilidad política, desempleo, entre muchas otras razones han sido la causa de que los jóvenes no se acerquen o colaboren con las instituciones de gobierno.
En el caso de los jóvenes del Ajusco Medio, los jóvenes no escapan a tal condición de incredulidad hacia las instituciones de gobierno, pero muy a pesar de esa situación, han tenido una constante actividad, y por varias razones han generado propuestas de participación muy a su propio punto de vista, y que son de tipo “informal” al realizarse al margen de las instituciones.  Apelan a las formas autogestivas de obtención de recursos para llevar acabos sus proyectos, y realizan asambleas deliberativas en las que designan encargados para diversas tareas. Como todo tipo de organización o asociación, enfrentan constantemente el problema de los recursos, por lo que pasan por etapas difíciles al mantenerse en pie y continuar con sus formas de organización horizontales[8].
Así concluimos la presente ponencia dejando una reflexión sobre las nuevas formas de participación que se dan en los jóvenes. Nuevas formas que muchas veces no se sostienen en el compromiso o en los objetivos, sino que obedecen a una relación distinta en el “estar juntos”. Y que además de sus causales, adquieren alto grado de significación, porque en su creación y nacimiento surgen como una gran critica social a lo establecido. Las nuevas formas de participación juvenil son fruto de un agotamiento: el estatal, fenómeno sintomático en las sociedades modernas, en donde la gran interrogante sería: ¿Seremos capaces de comenzar una revolución ética dentro de las estructuras, que recoja con humildad elementos de los actores sociales hoy y siempre presentes en nuestra ciudad?...


Edgar Villar del Prado

Ajusco Medio, Tlalpan DF 23 de marzo del 2009

*Ponencia presentada en la Dirección de Estudios Históricos del INAH, en el VI Encuentro de Estudios Tlalpenses. Con el tema: Poder, Identidad y Organización en Tlalpan, y con la ponencia: Participación Juvenil en la Historia del Ajusco Medio: Sus Cambios y Transformaciones, el 28,29 y 30 de Mayo del 2009. Allende No. 172 Tlalpan, Centro.


[1] Feixa define las “culturas parentales” como “…las grandes redes culturales, definidas fundamentalmente por identidades étnicas y de clase, en el seno de las cuales se desarrollan las culturas juveniles, que constituyen subconjuntos. Refiere las normas de conducta y valores vigentes en el medio social de origen de los jóvenes. Pero no se limita a la relación directa entre “padres” e “hijos”, sino a un conjunto más amplio de interacciones cotidianas entre miembros de generaciones diferentes, en el seno de la familia, el vecindario, la escuela local, las redes de amistad, las entidades asociativas, etc. Mediante la socialización primaria, el joven interioriza elementos culturales básicos (uso de la lengua, roles, sexuales, formas de sociabilidad, comportamiento no verbal, criterios estéticos, criterios de adscripción étnica, etc.) que luego utiliza en la elaboración de estilos propios.”  Carles Feixa Pámpols, De Jóvenes, Bandas y Tribus, Barcelona España, Ariel, 1962, p. 86.
 
[2] Entrevista sostenida con los primeros integrantes de los “Flexis” y los “Patotas”, unas de las primeras bandas formadas en las zonas, sobre las formas de participación del chavo banda, en enero de 1999.
[3]Entrevista personal con Rogelio “el  rojas”, residente de la colonia Belvedere en Junio del 2000 referente a la formación de las bandas.
 
[4] “Casa del Pueblo”, “Coalición Popular Independiente”, “Frente Popular Francisco Villa”, “Tierra y Libertad”, etc.
 
[5] Entrevista personal con ex miembros de “los bananos”, “los jovis” y “los barreras”, quienes ocupaban territorios en las colonias Cultura Maya, Lomas altas de padierna y Belvedere, en agosto septiembre de 1998, referente a los conflictos entre bandas.
[6] Urteaga Castro-Pozo, Maritza, Concierto e identidades rockeras mexicanas en los noventa, en Nateras, Alfredo coordinador. Jóvenes, culturas e identidades urbanas, México, Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa,  2002, p. 137.
[7] José Antonio Pérez Islas y Maritza Urteaga Castro-Pozo, Historias de los Jóvenes en México, México, IMJ, 2004, p. 46.
[8] Entrevista sostenida con Miembros del colectivo”Orgullo Libertario”,sobre formas de organización juvenil, en Marzo del 2008.
 


 
 

3 comentarios:

  1. HOLA, me comunico con usted para comentarle que estoy haciendo un proyecto intervencion cultural en la Col. Bosques del Pedregal y me es grato comentarle que su ponencia en el encuentro Tlalpense me ayudara para plasmar los antecedentes historicos de esta zona ya que no existe una publicacion que describa a detalle estas cuestiones.
    Sin mas por el momento le agradesco el aporte y claro que lo citaremos en el proyecto a lanzar!

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    1. Hola, Hice hace pocos años una publicación con financiamiento de CONACULTA, esta publicación se tituló "Ajusco Medio: Historia de un Barrio Urbano en las Montañas", podrás consultarla en la Biblioteca "Jerónimo Martínez Díaz" ubicada en la Calle Hopelchen s/n, Mz 69 Col. Mirador II. Saludos.

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