…me
parece que la estructura patriarcal vertical esta siendo sucedida por una
estructura horizontal, fraternal.
Michel Maffesoli
A
lo largo de la historia de las colonias del Ajusco Medio, la participación
juvenil ha sufrido diferentes cambios y transformaciones debido al conjunto de
relaciones sociales internas y externas que la determinan, es decir a las
“culturas parentales” como las denomina el doctor en Antropología Social por la
Universidad de Barcelona, Feixa[1] al
referirse a la articulación social de las culturas juveniles. Al mismo, tiempo
los jóvenes han mostrado una actitud ante estos cambios y en muchas ocasiones
han orientado el rumbo llevando la organización y la participación por
diferentes caminos dentro de su comunidad. La presente ponencia se realizó en
un marco de investigación de la participación juvenil en la historia de las
colonias del Ajusco Medio, por ello intentamos resumir aspectos relevantes en
el trabajo aquí presentado.
La
participación de los jóvenes a su llegada al Ajusco Medio, se dio en un
contexto social de lucha por los espacios para la vivienda. La gran masa de
habitantes en búsqueda de un espacio para vivir estaba, a finales de los 70s,
formada básicamente por personas adultas padres y madres de familia de un
perfil socio-económico bajo, quienes organizaban sus tiempos en función de
cumplir con un propósito único: obtener un “pedazo de tierra”.
Podemos
afirmar que en los jóvenes de aquella época (Finales de los 70 y comienzos de
los 80) se daba una fusión entre una situación social externa y una interna, la
lucha en contra de la autoridad que por naturaleza tiene el joven por
autoafirmarse como una persona autónoma e independiente, se exteriorizó de la
familia hasta adquirir una magnitud social, enfocando nuevas imágenes de autoridad, como fueron el
gobierno y sus aparatos de cohesión y represión. Los jóvenes ya no solo
buscaban su independencia ante la familia, estaban buscando una independencia y
autonomía frente al Estado quien, por principio, se oponía rotundamente a la
invasión de una zona de reserva ecológica sin uso del suelo habitacional.
La
estructura de la organización social predominante en la zona se sostenía
básicamente por comisiones elegidas en asamblea, existían por ejemplo las
siguientes comisiones: la comisión responsable de las pintas, la de la comida,
la de vigilancia, la de asuntos políticos, la de boteo, etc.
En
el momento en que la asamblea conformaba dichas comisiones, los jóvenes
participaban en muchas de ellas, y generalmente ocupaban la comisión de pintas.
Este hecho, fortaleció su identidad debido a que pintaban en una barda o manta
el nombre de la organización a la cual pertenecían. Esta acción fue una
constante durante las 4 décadas siguientes, ya que en los años posteriores pintarían
los nombres de los grupos, colectivos, o bandas a los que pertenecerían más
tarde. También ocupaban lugares en la comisión de comida, lo que le daba un
grado de responsabilidad ante su comunidad, y desde luego, les daba cierta
sensación de autonomía e independencia al ser los responsables de buscar el
alimento para el resto de la comunidad[2].
Los
jóvenes de esa época crecieron en el ámbito de la consigna de la lucha popular,
rápidamente se identificaron con los grupos urbanos que abanderaban la lucha
social en ese momento, como eran el Movimiento Popular Independiente y el
Frente Popular Francisco Villa, entre otros. Asistían a las marchas acompañando
a sus padres, cantaban canciones de protesta, asistían a las reuniones
políticas de alianza con otras organizaciones y protestaban fuertemente contra
el gobierno, que en ese entonces encabezaban los priistas de corte tecnocrático;
en otras palabras, se asumían como los hijos de la crisis que padecían los
sectores populares y periféricos de la ciudad.
Los
jóvenes comenzaron a crear grupos juveniles, grupos que se convertirían en los
antecedentes de las bandas, las cuales ocuparían toda la escena juvenil en la
zona durante los años 80. Desde ese momento se desarrollaría en ellos una
fuerte conciencia social, que los hizo reconocerse como sujetos en lucha continua
determinados por condiciones precarias y de alta marginalidad. Su participación
se dio en las siguientes dos vertientes: por un lado, reconociéndose campo
parte de una gran familia (su comunidad), dentro de la cual contaban con
obligaciones y tareas; y por otro lado, participando políticamente en el ámbito
de la protesta y la oposición contra las posturas gubernamentales, bajo la
consigna popular.
Para
los primeros años de los 80, las formas de participación y organización en los
jóvenes cambiaron de una manera significativa, éstas, al igual que a su
llegada, fueron determinadas por el contexto social; la obtención de un amparo
en el año de 1981 por parte de la organización “Casa del Pueblo”, en el que se
amparaba a los futuros propietarios contra posibles desalojos, metió en una
especie de relajamiento a la acción política, y la organización comenzó a
establecer acuerdos con las instituciones de gobierno. Sin embargo, y a pesar
de ello, este seguiría ejerciendo represión por otros mecanismos, por ejemplo, dentro
de las manifestaciones y marchas fuera de las colonias, o a través de grupos de
corte priista, quienes enfrentaban a los colonos, provocando fuertes conflictos
internos, varios de los cuales terminaron en asesinatos dentro de la colonia,
como fue el caso de Jerónimo Martínez Díaz (1992), Eloy Aviles (1986) y Candelario
Arias Salazar (1985.
Los
jóvenes sin dejar de participar en la estructura de la organización, comenzaron
a situarse más en un círculo propio. Como ya existía una división de los
predios, y había quienes ya comenzaban a construir de manera precaria su casa,
se genero una mayor apropiación del espacio, que aunque todavía no era de
manera legal, ya despertaba cierto sentimiento de propiedad y seguridad por
parte de las familias. Este nuevo proceso fortaleció los lazos afectivos entre
los jóvenes. Los que antes eran encuentros esporádicos por pequeños lapsos, se
convertían poco a poco en reuniones prolongadas de tipo identitario, desde las
cuales se desatarían dos procesos: la apropiación juvenil de los espacios, y la
construcción de una identidad propia.
Desde
esos nuevos puntos de reunión juvenil –la calle, los voladeros, los espacios
abiertos y las esquinas- se dio una fuerte crítica hacia las asociaciones de
colonos. Los jóvenes desarrollaron un fuerte sentimiento de solidaridad,
percibían los desalojos como una acción injusta por parte de las autoridades, y
más aun, cuando presenciaban un desalojo por parte de los mismos integrantes de
la organización, se indignaban de la misma manera.
De
este hecho derivan enfrentamientos internos entre jóvenes, -cuyos padres,
familiares o amigos estaban siendo desalojados,- y miembros adultos de la
organización. Este fenómeno de crítica y cuestionamiento a las formas de
control de la organización, encaminó a lo
jóvenes a repensar la formación de grupos propios. Con ello comenzaban a
posicionarse, y a jugar un papel protagónico dentro de su comunidad, estando
fuera del alcance de cualquier estructura organizativa que no fuera la suya.
Este fenómeno fue muy interesante, debido a que aquí comienza la formación de
los “Chavos Banda”, en esta zona.
Los
jóvenes se vieron dentro de un proceso de creación de una identidad propia que asumía
un lenguaje, una forma de vestir, e incluso un territorio propio. El chavo
banda del Ajusco en los 80 al igual que los chavos banda del resto de la ciudad,
buscó su posicionamiento en los espacios públicos. Situación que a diferencia
del joven de los 70, le daba un mayor grado de independencia ante la comunidad
adulta, es decir, ante padres, autoridades y organizaciones sociales.
Los
chavos banda a diferencia de otro tipo de identidades juveniles, tenían su
conformación dentro de la base popular y marginal, lo que les daba una
estructura de resistencia de carácter permanente ante las injusticias sociales
provocadas por el “agandalle” del mundo de los privilegiados (ricos, políticos,
empresarios, artistas, etc.). Eran grupos de entre 5 y 50 jóvenes
aproximadamente, quienes se reunían en las calles o en espacios públicos,
estableciendo una fuerte solidaridad ante los embates de una realidad social
marcada por la marginalidad y la miseria.
La
mayoría de la veces el jefe de la banda era del sexo masculino y mantenía
control sobre jóvenes de su mismo género o del sexo opuesto, muy pocas ocasiones
se formaron bandas de mujeres con una líder, casi siempre estaban integradas a
una estructura preponderantemente masculina. Las bandas se componían de un
número diferente de integrantes, las más pequeñas eran de 20 integrantes, pero
existían bandas de un numero mayor, incluso hasta aglutinar a mas de 100
jóvenes en un solo sitio como es el caso de los “Flexis” o los “Vagos”.[3]
Estos
jóvenes no habían abandonado del todo la lucha popular, de hecho en muchas
ocasiones apoyaban a las organizaciones cuando existían conflictos con otros
grupos. Algunas bandas cobraron una fuerza sorprendente, de tal magnitud que
comenzaban a contrapuntearse con las organizaciones existentes[4].
La
falta de oportunidades, de empleo y capacitación abrió un camino hacia la
delincuencia y muchas de estas bandas se organizaron de tal manera que
comenzaron a delinquir. Los jóvenes más interesados en elevar su condición de
vida, comenzaron su lenta separación de aquellos que estaban dedicados a las
actividades delictivas. Sin embargo, esta separación no era total, en casos de
conflictos casi siempre se ayudaban, lo que demostraba su fuerte solidaridad
“Barrial”.[5]
Los
chavos del Ajusco Medio han encontrado un elemento importante para su identidad
(un “nosotros”) en la realización y el disfrute de cierto tipo de eventos; las
tocas han dotado de un sentido al quehacer juvenil de la zona, y frecuentemente
se reúnen para programarlas, se designan tareas, se establecen contactos y se busca
invitar al mayor numero posible de jóvenes. Ejemplo de ello es la “tocada de la López ”, la cual (como dice
Maritza Urteaga), es uno de los rituales más importantes como lugar de
construcción identitaria.[6]
Después
de esta decada, se pasó a una nueva etapa de cambios en las formas de participación.
En el panorama general de la zona, el fenómeno de los “Chavos Banda” con todas
las implicaciones identitarias y de estilos propios, se fue diluyendo hasta
encontrarse solo en algunas colonias de la zona. El tan famoso denominado
“Chavo Banda” encontró su refugio de sobrevivencia en las colonias de más alta
marginalidad, en donde adoptó a los nuevos jóvenes marginales incorporándolos a
su estilo de vida.
En
los 90, la identidad del “chavo banda” fue solo una alternativa más ante el
mosaico multiidentitario, El panorama se abría paulatinamente al joven que
accedía a un nuevo escenario social en la Ciudad de México: ofreciendo a los
jóvenes una diversidad cultural y multifacética que generaba nuevos grupos o
tribus juveniles. El joven de los 90
comienza su recorrido por la diversidad identitaria, que se le presenta en la
escuela, en los lugares de diversión y en la misma vida cotidiana, comienza una
búsqueda de su personalidad en la bastedad de estilos que adquiere el joven
citadino, y se organiza en colectivos o grupos constituidos con un fin en
particular. Las filosofías de cada movimiento despiertan el interés del joven;
saber de dónde proviene la propuesta graffitera, saber qué significa el
performans dark, hurgar sobre el
sentido de la filosofía punk, conocer el origen de la música ska, entre otras inquietudes, fueron los
caminos a seguir de esta generación que muchos académicos clasifican como la
generación de la decadencia, o la generación X.
La
mejora en las condiciones de vida de los padres al final de la década pasada,
permitió el mayor acceso a los centros de estudio por parte de los jóvenes,
aunque la zona continuaba siendo clasificada como de alta marginalidad, los
niveles de ingresos habían mejorado un poco, permitiendo una mejor solvencia
económica al interior de las familias, y por ende una oportunidad se habría a
la comunidad joven de acceder al nivel medio superior y superior.
La
consolidación de la regularización de la tierra a finales de la década
anterior, había garantizado cierta estabilidad a las familias de la zona,
además algunos servicios como la pavimentación de calles, el alumbrado publico,
el drenaje, y la llegada de espacios educativos como la preparatoria Tlalpan Nº
1, se habían logrado. Muchos de los jóvenes del Ajusco Medio, encontraron en
sus familias un mayor apoyo para continuar sus estudios, el número de
estudiantes de secundaria y nivel medio superior se incrementó
significativamente, accediendo a un estilo de vida distinto al que habían
pertenecido los jóvenes de los 80.
El
contacto con la escuela y con jóvenes de otras partes de la ciudad de
diferentes niveles sociales, le abrieron el panorama al joven del Ajusco Medio,
quien buscó en sus nuevas relaciones acceder a una mejor calidad de vida. El
joven llega a empleos y puestos
administrativos en la
Iniciativa privada, comienza a tener puestos medios en las
empresas y en tiendas comerciales, incluso dentro de instituciones de gobierno.
Una cantidad menor hace su arribo a estudios profesionales estudiando en
instituciones como la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), la Universidad Nacional
Autónoma de México (UNAM), y la Universidad Autónoma de México (UAM). “La
escuela fue sobre todo un ámbito de creación juvenil en términos de
construcción y expresión de prácticas recreativas que fueron generando una
sociabilidad diferente de la que vivían con los adultos en otros ámbitos”.[7]
Ya
no era propiamente la “Banda” el espacio en donde el joven socializaba con sus
iguales, la diversidad identitaria le dio un giro a las formas de
sociabilización del joven en el Ajusco Medio. No era la cultura juvenil, sino
las culturas juveniles, las que predominaban en esos años. Con el repliegue del
fenómeno de las bandas a las colonias de más alta marginalidad, comienza el
surgimiento de nuevos grupos con características e identidades propias y
distintas a las que tenia el chavo banda: Los chavos graffiteros, los Darks, los “skins”, los “cholos”, los sonideros, los “emos”, etc. Aparecen en
estos años.
Este
fenómeno en el que proliferan las identidades, provocó una diversificación de
la participación, algunos comenzaron el acercamiento a las instituciones
gubernamentales y no gubernamentales, para realizar la gestión a través de
reuniones de lo que ellos considerarían nuevas necesidades. El estilo añejo de
las organizaciones vecinales para la gestión, si bien persistía en los adultos,
era criticado por los jóvenes, quienes buscaban una estructura más horizontal
en la toma de decisiones.
Por
otra parte, había jóvenes que no estaban interesados en tratar con los órganos
de gobierno, y se integraban a colectivos o grupos de mayor tamaño con
presencia en su comunidad y en el resto de la ciudad, participando en concursos
de Graffiti, concursos de baile, y otros
eventos organizados en espacios públicos. El joven de esta zona analiza de
manera crítica las diversas formas de participar de las organizaciones
prevalecientes, las cuestiona, las critica, se burla de ellas, se da cuenta de
sus errores, pero valora su fortaleza histórica; no cuenta con una organización, y ve la
necesidad de agruparse con otros jóvenes con quienes comparte su forma de ver
el mundo; sabe que pertenece a algo, a algún movimiento, a alguna filosofía,
sabe que tiene un sentido y que también busca objetivos: para ello comienza a
agruparse.
La
llegada del nuevo siglo trajo consigo una nueva preocupación para las
organizaciones de la zona, el estado semi- reposado en el que los habitantes de
la zona habían entrado desde finales de los noventa, obligó a fijar la mirada
hacia la cultura y el esparcimiento, un nueva necesidad se vislumbraba en el
horizonte y daba razón a la férrea lucha social del Ajusco. Los espacios
públicos fueron el nuevo blanco, en ellos se detonarían propuestas de
participación comunitaria, como las asambleas vecinales, la educación, el
deporte, el arte y la cultura.
A
pesar de este nuevo interés, no se ha logrado una vinculación directa en la que
las organizaciones y los comités integren a los chavos a la toma de decisiones.
Los jóvenes son escuchados, participan en las reuniones, pero no existe una
forma de participación plena, autónoma, independiente y horizontal a través de
estas estructuras, por lo que los jóvenes han optado por generar sus propias formas
de participación frente a estos grupos y frente gobierno.
Por
otra parte, la adhesión a los partidos por parte de la ciudadanía es un
fenómeno real en esta zona, por lo que los jóvenes son vistos utilitariamente
por aquellos que buscan constantemente los puestos y cargos de representación.
Son llamados y buscados cada que se aproximan los tiempos de elecciones, el
joven es utilizado para pegar propaganda y pintar bardas haciéndolos sentir
protagonistas de estos procesos, sin embargo, el verdadero sentido detrás de
estas actividades es una búsqueda de poder entre aquellos adultos interesados
en ocupar puestos de representación gubernamental.
El
joven del nuevo siglo, no está adherido a las formas de organización existentes
y herederas de la lucha por la vivienda, vive de manera autónoma, no busca la
trasgresión por si misma, aunque existen casos en los que así se manifiesta. El
joven del nuevo siglo conoce sus objetivos, de ahí que las estructuras existentes
comiencen a replantearse las formas de participación para la integración de los
jóvenes a sus organizaciones o instituciones de gobierno. Algunas
organizaciones han comenzado una apertura mínima para aceptar la participación
juvenil, sin embargo, muchos jóvenes optan por la formación de colectivos,
redes y asociaciones independientes encaminadas a la construcción de lo
cultural. Con ello supera el determinismo social que les impone la
marginalidad, y se agregan para “hacer algo”: un “hacer algo” que reproduce
formas y expresiones culturales en su entorno, teniendo con ello un importante
impacto cultural en la zona.
El
nuevo siglo trae consigo el sello característico de la organización horizontal
y la caída de las represiones y ordenanzas paternalistas en todos los ámbitos,
familia, escuela, sociedad, gobierno. Los jóvenes siguen sus sueños, abren
espacios, forman grupos, se conectan unos con otro a través de códigos
similares, con el mensaje universal de que el mundo no esta bien y algo tiene
que cambiar, esa fuerza interna los comunica, los enlaza, los encamina a la
utopía mediante un esfuerzo en el que muchos no desistirán hasta ver realizados
sus sueño, sus proyectos y sus planes de vida. Las nuevas agrupaciones del
Ajusco Medio se vuelven multiculturales y enfocan sus energías en la
realización de actividades en los espacios públicos: talleres, eventos
musicales, cine, teatro, radio y capacitación son algunas de las actividades
que realizan, dentro de su zona.
Los
jóvenes del Ajusco crean formas de participación y organización en espacios
informales, han desconfiado de las instituciones de gobierno, y de sus formas
de promover la participación juvenil para llevar a cabo sus proyectos. Esto se
ha vuelto un obstáculo para que las instituciones vean cumplidos sus objetivos,
lo que las hace repensar sus programas y lineamientos, no teniendo, en la
mayoría de los casos, buenos resultados. La desconfianza institucional, no es
un fenómeno nuevo en este análisis de la participación juvenil, las razones han
sido diversas a lo largo de la historia de nuestro país, represión del Estado,
enriquecimiento de gobernantes, venta del patrimonio nacional, corrupción
dentro de la burocracia, falta de sensibilidad política, desempleo, entre
muchas otras razones han sido la causa de que los jóvenes no se acerquen o
colaboren con las instituciones de gobierno.
En
el caso de los jóvenes del Ajusco Medio, los jóvenes no escapan a tal condición
de incredulidad hacia las instituciones de gobierno, pero muy a pesar de esa
situación, han tenido una constante actividad, y por varias razones han
generado propuestas de participación muy a su propio punto de vista, y que son
de tipo “informal” al realizarse al margen de las instituciones. Apelan a las formas autogestivas de obtención
de recursos para llevar acabos sus proyectos, y realizan asambleas
deliberativas en las que designan encargados para diversas tareas. Como todo
tipo de organización o asociación, enfrentan constantemente el problema de los
recursos, por lo que pasan por etapas difíciles al mantenerse en pie y
continuar con sus formas de organización horizontales[8].
Así
concluimos la presente ponencia dejando una reflexión sobre las nuevas formas
de participación que se dan en los jóvenes. Nuevas formas que muchas veces no
se sostienen en el compromiso o en los objetivos, sino que obedecen a una
relación distinta en el “estar juntos”. Y que además de sus causales, adquieren
alto grado de significación, porque en su creación y nacimiento surgen como una
gran critica social a lo establecido. Las nuevas formas de participación
juvenil son fruto de un agotamiento: el estatal, fenómeno sintomático en las
sociedades modernas, en donde la gran interrogante sería: ¿Seremos capaces de
comenzar una revolución ética dentro de las estructuras, que recoja con
humildad elementos de los actores sociales hoy y siempre presentes en nuestra
ciudad?...
Edgar Villar del Prado
Ajusco Medio, Tlalpan DF 23 de marzo del 2009
*Ponencia presentada en la Dirección de Estudios Históricos del INAH, en el VI
Encuentro de Estudios Tlalpenses. Con el tema: Poder, Identidad y Organización en Tlalpan,
y con la ponencia: Participación Juvenil en la Historia del Ajusco Medio: Sus
Cambios y Transformaciones, el 28,29 y 30 de Mayo del 2009. Allende No. 172 Tlalpan,
Centro.
[1] Feixa define
las “culturas parentales” como “…las grandes redes culturales, definidas
fundamentalmente por identidades étnicas y de clase, en el seno de las cuales
se desarrollan las culturas juveniles, que constituyen subconjuntos. Refiere
las normas de conducta y valores vigentes en el medio social de origen de los
jóvenes. Pero no se limita a la relación directa entre “padres” e “hijos”, sino
a un conjunto más amplio de interacciones cotidianas entre miembros de
generaciones diferentes, en el seno de la familia, el vecindario, la escuela
local, las redes de amistad, las entidades asociativas, etc. Mediante la
socialización primaria, el joven interioriza elementos culturales básicos (uso
de la lengua, roles, sexuales, formas de sociabilidad, comportamiento no
verbal, criterios estéticos, criterios de adscripción étnica, etc.) que luego
utiliza en la elaboración de estilos propios.”
Carles Feixa Pámpols, De Jóvenes,
Bandas y Tribus, Barcelona España, Ariel, 1962, p. 86.
[2] Entrevista
sostenida con los primeros integrantes de los “Flexis” y los “Patotas”, unas de
las primeras bandas formadas en las zonas, sobre las formas de participación
del chavo banda, en enero de 1999.
[3]Entrevista
personal con Rogelio “el rojas”,
residente de la colonia Belvedere en Junio del 2000 referente a la formación de
las bandas.
[4] “Casa del
Pueblo”, “Coalición Popular Independiente”, “Frente Popular Francisco Villa”,
“Tierra y Libertad”, etc.
[5] Entrevista
personal con ex miembros de “los bananos”, “los jovis” y “los barreras”,
quienes ocupaban territorios en las colonias Cultura Maya, Lomas altas de
padierna y Belvedere, en agosto septiembre de 1998, referente a los conflictos
entre bandas.
[6] Urteaga
Castro-Pozo, Maritza, Concierto e
identidades rockeras mexicanas en los noventa, en Nateras, Alfredo
coordinador. Jóvenes, culturas e
identidades urbanas, México, Universidad Autónoma Metropolitana Unidad
Iztapalapa, 2002, p. 137.



ES UN GRAN APORTE ESTE ARTICULO!!
ResponderEliminarHOLA, me comunico con usted para comentarle que estoy haciendo un proyecto intervencion cultural en la Col. Bosques del Pedregal y me es grato comentarle que su ponencia en el encuentro Tlalpense me ayudara para plasmar los antecedentes historicos de esta zona ya que no existe una publicacion que describa a detalle estas cuestiones.
ResponderEliminarSin mas por el momento le agradesco el aporte y claro que lo citaremos en el proyecto a lanzar!
Hola, Hice hace pocos años una publicación con financiamiento de CONACULTA, esta publicación se tituló "Ajusco Medio: Historia de un Barrio Urbano en las Montañas", podrás consultarla en la Biblioteca "Jerónimo Martínez Díaz" ubicada en la Calle Hopelchen s/n, Mz 69 Col. Mirador II. Saludos.
Eliminar