He visto a madres y padres de
familia bien pegados de sus hijos adolescentes, cuando estos comienzan a tener
una relación con algún chico o chica, me da curiosidad como se convierten en
pequeños satélites de un mundo apenas por descubrirse entre la joven pareja, los
siguen para todos lados, opinan sobre sus cosas, los acompañan a centros
comerciales, intervienen en puntos de vista sobre determinados temas que a
ellos les gustan, les repiten constantemente que confían en ellos (de tanto decírselos
parece que no es así), les insinúan con sus acciones que la sexualidad es el último paso en la relación
que podría descomponer todo si no hay matrimonio, entre otras cosas.
Agobiadas por la monotonía y lo rutinario de
sus vidas, muchas madres sin darse cuenta se ven nuevamente ellas misma en sus hijas,
pero ahora no cometerán el mismo error que cometieron ellas con su vida, “casarse
con alguien que no valía la pena… que no me iba a ser feliz… ya me lo decía mi
mamá…”. De tan preocupados que se ponen los padres por el noviazgo de sus hijos,
concentran una gran cantidad de tensión interna en ellos, y provocan que los
hijos enfoquen sus capacidades e intereses en “solo ese asunto”: en intentar no
quedar mal con su familia o en “no meter la pata” en sus relaciones, dejando de
lado otros aspectos como la educación y la calidad de vida.
Jóvenes inteligentes son
aquellos que escapan a estas dinámicas, y deciden que ese absurdo campo de desenvolvimiento
solo advierte los temores internos de los padres, que poco tienen que ver con
sus metas y proyectos personales, algunos de esos jóvenes no se pelean con sus
padres por eso, solo los entienden y se
enfocan en la construcción de proyectos de vida propios, sociales o de beneficio para sus entornos. Muy
pocos pensaran en su país, entenderán que los pequeños campos de tensión son
solo eso: pequeños campos, y que las verdaderas tensiones surgen cuando los
valores promovidos por las oligarquías y la televisión atenten contra su
libertad de decidir sobre su futuro, su vida, su pareja, su preferencia
política, su sexualidad, etc.… moverán mar y tierra por luchar contra esas
limitantes y transformaran su entorno en un mundo mejor, en el que puedan inculcar
y fomentar la libertad para sus propios hijos.
Edgar Villar del Prado, Ajusco Medio, Septiembre del 2013
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