El famoso operativo “Ajusco
Seguro” es una acción sobredimensionada por el Gobierno del Distrito Federal y el
Gobierno Federal, que busca elevar el prestigio de ambas instituciones ante la
creciente incredulidad de la población hacia su combate contra el crimen
organizado. El despliegue exagerado de más de 600 elementos de diferentes
corporaciones pertenecientes a los distintos niveles de gobierno, son parte de
una estrategia que tiende más a un posicionamiento policial con tintes de
presunción y heroísmo que un combate frontal a la delincuencia, al menos así
parece en esta zona del sur de la Ciudad de México.
Da verdadera risa ver convoyes
conformados por vehículos armados de la Secretaria de Marina, la SSP, la PGJDF,
la PFP, etc, rondando el circuito recreativo de la Carretera Picacho-Ajusco,
con elementos armados mirando y apuntando hacia las montañas, como si en algún
momento pudieran salir personas armadas de la serranía, fenómeno que si ocurre
en las carreteras de Michoacán, Sinaloa, y otros estados, donde la geografía
juega un papel muy importante en los enfrentamientos armados, sobre todo en
lugares muy cercanos a la sierra. Esta situación ha creado un ambiente de
zozobra entre las personas que frecuentan esta zona con fines recreativos y de
esparcimiento, quienes se acostumbrarán a esta presencia policial y
desarrollarán un fuerte sentimiento de inseguridad cuando el deslumbrante operativo
desaparezca (frecuentemente no duran mucho).
El verdadero problema del Ajusco
en cuanto a inseguridad se refiere, no se da en las zonas ecológicas de
esparcimiento y recreación que lo caracterizan, ya los ejidatarios y otros
núcleos agrarios de los diferentes pueblos trapenses, han demostrado como
defender sus espacios basándose en una fuerte organización interna, solidaria y
encaminada hacia el ecoturismo. El problema real ha residido básicamente en las
colonias de alta marginalidad que se encuentran ubicadas en las faldas del
Ajusco -y para saber eso hay que partir de un diagnostico serio, no de afanes
de esplendor policiaco-. La primera razón de esta afirmación ha sido el
desplazamiento a zonas irregulares por parte de sectores provenientes de
colonias periféricas del DF en los últimos 30 años, los cuales traían consigo
la cultura del consumo de drogas, el asalto a repartidores, robo a casas
habitación y pleitos ente bandas, que se agudizaban por la falta de servicios y
de instituciones; la segunda razón es por la entrada de grupos organizados de
alto nivel como “La familia” y “Los Zetas” en el período del 2008 al 2012, la
cual se caracterizó por el desplazamiento de los narcomenudistas locales por
medio de la amenaza, el amedrentamiento e incluso el asesinato, basta ver el
número de crímenes cometidos en esta zona durante ese periodo, cuyas víctimas
fueron básicamente delincuentes y narcomenidistas locales, hechos contra los
cuales nunca se implementó un operativo como el que ahora se hace en esta zona.
Hay que recordar que en esos años
(2008-2012) esos grupos del crimen organizado llegaron rentando algunas
inmuebles que utilizaban como centros de operaciones, también vigilaban
mediante rondines el lugar para detectar posibles amenazas, eran amigables con
los vecinos, y establecían sus condiciones ante aquellos que aún eran considerados
como “La banda del Barrio” (delincuentes y jóvenes adictos de bajo perfil que
ocupan las calles en lugares específicos) a quienes veían como posibles
amenazas. La forma de operar de estos grupos fue más de inteligencia y control,
que de posicionamiento y enfrentamientos, sin embargo, ante esta situación que
fue denunciada por muchos habitantes nunca se implementó un operativo de
inteligencia e investigación para combatirlos. Ya en los últimos 2 años estos
grupos de alto nivel fueron desapareciendo, no precisamente por la inteligencia
de la policía capitalina, sino por la escasez de mercado, la constante
movilidad de sus líderes debido a su captura, las pocas ganancias en el
narcomenudeo, y lo poco funcional que les resultó ser el Ajusco para la venta y
distribución de drogas (con tanto embotellamiento y muchas cámaras de video),
de hecho esta zona ha funcionado más como una zona de residencia de “cabecillas
del crimen”, o para reuniones y encuentros de los mismos, hay que ver los casos
de “el Compallito”, “el Mochaorejas”, quienes llegaron a vivir al Ajusco desde
donde planeaban y preparaban sus actividades.
Está comprobado que el Ajusco
ante los ojos de los delincuentes es un espacio para deshacerse de alguien,
para tirar evidencias, para salir o entrar con discreción del Estado de México
al D.F., pero no como un lugar donde opere el crimen organizado con las
características que lo ha hecho ver “el Mancera”. El flamante operativo “Ajusco Seguro” en el
circuito de la carretera Picacho-Ajusco no concuerda con lo que ahí existe,
árboles, espacios de recreación, mucha vegetación y alguno que otro teporingo…
no enfrentarán ahí nunca al crimen organizado. El operativo es un
desplazamiento de más de 600 elementos que no cubre ningún sentido más que el
de impedir el paso del crimen organizado, y para ello no es necesario un
operativo de tal magnitud, basta con una caseta de revisión D.F.-Edo.Méx. bien custodiada
para hacerlo. El Ajusco no cumple con las características geográficas que
necesitan los fuertes delincuentes para operar, ni con la estructura social que
lo permita. Podrán encontrar mucho más si esos cientos de policías comienzan a
desmantelar las estructuras de corrupción, que sus propios compañeros sostienen
con los nuevos narcomenudistas locales en las colonias de alta marginalidad en
las faldas del Ajusco.
